REINA DE LA NOCHE

Cómo empezar:  golpe, golpe y golpe una y otra vez. La vida se siente muy dura, hasta un día que creí que este sentimiento jamás lo sentiría. Pero la vida te demuestra que, si quieres algo, solo tienes que desearlo y jamás buscarlo; solo mantenerte fuerte y enfocado en seguir adelante pese a todo. Y con el tiempo te das cuenta de que, como un reloj dañado que da la hora correcta dos veces al día, qué ironía: resulté ser un ser destrozado y culpado, visto de manera extraña, cuando eres perfecto a tu modo. Y siempre, sin lugar a dudas, alguien te verá y te hará ver que de verdad sirves para algo, así sea lo más mínimo. Solo tienes que esperar y verás cuán perfecto te vuelves ante los ojos de la persona indicada.
El temor a amar y ser amado, una sorna de la vida que, con tono pícaro y burlón, hace que dos personas quebradas se junten y empiecen a temer tanto dar amor como recibirlo. Pero lo único que surge de todo esto es una alegría que, pese al temor de estar juntos, dan todo por apoyarse y transmitirse confianza el uno al otro. Sí, cuando uno se equivoca una y otra vez, teme volver a caer en lo mismo, pero pese a ello siempre están el uno con el otro, cual aurora al amanecer, mostrando que luego de la oscuridad irradia esa alba que empieza a iluminar y a mostrar lo que aquella penumbra ocultaba, mostrándose tal cual son, sin pena alguna de ser tratados distinto o simplemente rechazados, revelando que solo hace falta alguien que te acompañe y llene de luz tu camino; y que al llegar aquel ocaso que trae consigo oscuridad, te ilumine con sus ojos que, como estrellas, te han de guiar cual marinero con astrolabio que nunca se pierde en el mar por más oscuro que esté. Y que, como quilla y roda de un barco, seas quien me soporte ante todas las adversidades que el mar de la vida depare.
Que el temor —ese sentimiento que más abunda en los corazones de todos nosotros— se desvanezca. Y pese a que después de tantas desgracias uno se reserve su amor y cariño hasta creer encontrar a la persona correcta, luego de creer hallarla teme transmitirlo. Pero he allí la particularidad de esta situación: dos seres completamente imperfectos complementando uno del otro sus imperfecciones, amando cada error que cometen juntos y viviendo cada día como si fuese el último, dando todo de ambos para —como la reina de la noche de un cactus— florecer pese a todas las adversidades y, con el amor de ambos, embellecer el anochecer que hizo florecer nuestro amor.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¡GRACIAS, LUNA!

LOS RECUERDOS DE LA OSCURIDAD

EL DESASTRE DE MI CORAZON