EL DESASTRE DE MI CORAZON
Qué confuso se ha vuelto todo. ¿Cómo puedo estar en el paraíso y, al mismo tiempo, en el mismísimo infierno? Poco a poco, esas alas que me diste han ido perdiendo cada una de sus plumas. En mis ojos solo hay una gran bruma que distorsiona todo mi alrededor. No logro pensar con claridad, no sé si esta es la maldita realidad: tan cruda y bizarra como siempre, dejándome estampado en el suelo luego de haber estado en lo más alto del universo.
Todo, poco a poco, fue sucediendo una y otra vez, hasta que, de la noche a la mañana, no sabía ni dónde estaba. Intentaba avanzar y no lograba moverme del lugar. Qué desgracia no querer hacer sufrir a alguien y hasta hacer una promesa que sería para siempre… pero solo fue una promesa de un presente. Cuando llega el horrendo futuro, te vas dando cuenta de que hay personas que solo vienen a tu lado por un breve instante, para llenarte un poco de felicidad, y luego, lastimosamente, todo se va desvaneciendo. Y crees que estás enloqueciendo.
No piensas en soltar esa mano que algún día te apoyó, pero recuerdas que todos tenemos alas para volar, no para ser retenidos y mucho menos sometidos a intentar amar. El amor es algo mutuo, que duele y a veces sana. Solo hay que ser lo suficientemente maduro como para aceptar cuándo se ama en realidad y cuándo se deja de hacerlo. No puedes obligar a tu corazón a ser prisionero de alguien que no desea serlo.
Solo tienes que intentar ordenar tus ideas y emociones para poder llegar a un mutuo acuerdo y no marcharte de la vida de esa persona de manera tempestuosa. Solo márchate, dejando atrás esas caricias y besos de ternura, donde le dejes ver que, si te vas de su lado, es para que en un futuro no se vaya a sentir utilizado, y mucho menos despreciado.
Qué difícil llega a ser todo. Solo levántate, ve y hazlo.
Solo afronta la realidad que te espera. Difícil lo será, ten eso por seguro. Estabas acostumbrado a volar junto a alguien que se cansó de volar acompañado y solo quiso explorar nuevos horizontes. Deja de ser tan egoísta y deja que vuele.
No entiendo cómo llegaste a mí sin yo buscarte. ¿Quién miró a quién? Es un misterio. Son cosas que solamente suceden porque así lo quiso la vida.
Cómo de ti me logré encariñar sin más allá ni más acá, cómo con solo mirarte me lograbas dar paz… es el misterio que quiero descubrir. De igual manera, me doy cuenta de que hay momentos muy efímeros en esta vida, como una pluma que queda sin tinta, como un cometa que solo pasó por mi vida para iluminarla un breve instante.
Así fuiste tú.
Fuiste ese fuego que en mi corazón encendió una llama, pero que solo yo alimentaba. Y poco a poco, por más tenacidad que tuve por mantener esa llama encendida, no lo logré. Ese frío abrazador y desolado de la soledad me fue envolviendo, poco a poco.
Dicen por ahí que en la vida uno aprende cosas, pero… ¿quién te enseña a no enamorarte de la persona equivocada? ¿Quién te enseña a no entregar sentimientos donde no se debe? ¿Quién te hace ver que lo que la otra persona siente por ti no es amor de verdad? ¿Cómo identificas un cariño de amistad de un cariño de amor?
Fueron cosas que, lastimosamente, me tocó vivir. Pero, ¿y quién no se confunde si eras "su amor"? Si se saludaban de besos y se despedían con abrazos "sinceros". Si le contabas tu rutina diaria y, poco a poco, te abrías y mostrabas esa parte de ti que muy pocas personas conocen. Bajaste la guardia sin temor a ser lastimado… y terminaste hincado, con tu corazón en la mano, sollozando y nadando en un mar lleno de tristeza y frustración por entregarte a una persona que no debiste.
Pero, ¿cómo ibas a saber si era o no la persona correcta? Hay veces que, al arriesgarse, terminas sufriendo...
Aún recuerdo esas salidas donde, agarrados de la mano, miraba tu sonrisa que me llenaba de paz. Me hacía pensar que era el momento más increíble de mi vida, en que no deseaba saber más nada de nadie que no fueras tú. Esos atardeceres donde, sentados en el parque, mientras yo reposaba en tu hombro, observaba tu majestuosidad cuando el sol se posaba en tus ojos y en ellos me podía observar. Era como un niño pequeño resguardado en tus brazos.
Y esos fuertes abrazos que me brindabas sin más… esas caricias tiernas que para mí eran la gloria. No había momento más feliz que, luego de una semana llena de tristezas y cansancio, con solo verte me recargabas de felicidad.
Pero, ¿quién iba a pensar que todo eso fue algo pasajero? Para ti era solo una simple amistad, pero para mí eras todo mi mundo. No sabes cuánto te he llorado, ni mucho menos quiero que lo sepas, porque no existirán palabras para describirte todas esas noches de llanto y miseria que viví por ti. Ni mucho menos quiero que me veas así de miserable, como me dejaste.
¿Cómo es posible que una persona, solo con palabras, te lastime más que un arma? No sabes cuánto desearía no haberte conocido, no haberte mostrado todo lo que soy en realidad. No lo merecías, la verdad. En un instante eras mi todo, y en otro ya eras mi nada.
Solo me resta tomar todo el sentimiento que por ti sentía y tragármelo. Su sabor dulce se convirtió en hiel, una hiel amarga y ácida que pasaba acompañada de lágrimas de lamento y decepción.
Pero bueno, no todo fue tan malo. Acepto que aún te recuerdo. Te arranqué de mi mente, pero aún quedan pequeños fragmentos de ti en mi corazón. Sé que más adelante quedarán en el olvido, o eso espero que suceda.
Ya hoy, solo al recordarte, me hace pensar y decirme a mí mismo que, a la próxima persona que vaya a amar, la ame por igual a lo que me brinden. Pero de igual manera tener presente no bajar mi escudo por completo, para que mis lágrimas de amor no se vuelvan a derramar.
Y solo me resta esperar… y volver a armar el desastre que hay en mi corazón.
Comentarios
Publicar un comentario