¡GRACIAS, LUNA!

Acercándose la somnolencia del día, llegando la penumbra, asomándose tu fulgurante luz llenando todo el crepúsculo nocturno con tu belleza irreal que se alza sobre el manto crepuscular de la noche. Mientras el cielo se matiza de un violeta intenso a una completa oscuridad, tu inefable presencia —que todos nunca se cansan de observar— impacta a todo el que te ve. Y pese a que día tras día sucede, no hay día que nadie se asombre de verte; pero nadie se ha llegado a preguntar qué es lo que hay en tu pensamiento, qué ocultas en tu lado oscuro.

Todos solo vemos una pequeña parte de ti, oh Luna. ¿Qué secretos oculta tu belleza? Sé que eres fuerte porque nadie logra hacer que tu brillo se opaque; eres un ser cambiante lleno de paradigmas teocéntricos, belleza que en algunos causa dicha. Eres un ser sempiterno que está y siempre estará allí hasta el fin de los días. Aunque estés rodeada de miles de millones de estrellas, tu pulcritud siempre basta: destaca ante las demás. Todas las miradas, tarde o temprano, se centran en ti.

Hay días que observo el cielo nocturno y veo cómo, pese a que estés incompleta, sé que día tras día estarás nuevamente rebosante de esplendor. Sé también que no todos vamos a tener la oportunidad de conocerte completa. ¡Oh, Luna, qué magnífica eres! Tu mera existencia me hace sentir exultación, ganas de gritar, correr, darte gracias a gritos sin parar por haber tenido la oportunidad de deslumbrar mis ojos con tu magnificencia. Qué curiosa llega a ser la vida, que hasta a un ciego se le puede explicar con palabras tu perenne belleza, hasta que ellos mismos se ponen a clamar por no tener la dicha de poder observarte.

Sí, sé que hay días que no te alcanzo a ver; que detrás de las nubes tu belleza quieres esconder. Tus problemas has de tener, pero sé que ante todos los empiezas a ocultar. No te quieres hacer ver como un ser frágil y débil, y por eso solo te escondes y escudriñas tus sentimientos, y a solas empiezas a llorar. Al momento de salir, no muestras tu ser completo porque aún estás débil o reacia de tanto sollozar a solas. Pero con el tiempo, y poco a poco, vas pasando del novilunio al cuarto creciente, donde empiezas a llenarte nuevamente; te muestras gibosa, casi al completo de tu magnificencia, hasta que, cuando ya ha pasado el tiempo, vuelves a mostrar ante todos tu plenitud.

Oh, me quedo sin palabras, me dejas abismado, casi sin pensamientos, solo estupefacto por tu luz. Todos los días agradezco haber cruzado miradas contigo; tú, astro que sobrevuelas el cielo y que, aunque no te mire, siempre estás allí esperando para ser observado y hacerme compañía. Sabes, me pregunto qué tan oscuras llegasen a ser mis noches sin tu luz. Te agradezco, oh Luna, por sobrevolar mis noches y llenarlas de felicidad. Oh, Luna, cuán amplia es tu humildad, que acoges a todos por igual sin importar que te vayan a hacer llorar. Oh, Luna, qué magna eres. A veces me siento enfermo de tanto observarte; causas en mí el síndrome de Stendhal, tu belleza infinita abruma mis sentidos hasta provocar un colapso mental. Oh, Luna, solo te pido que, aunque mis ojos algún día te dejen de mirar, por favor de mí jamás te vayas a olvidar. Nunca olvidaré los recuerdos de tu magnífico ser y lo feliz que este me hizo ser. ¡Gracias, Luna!

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