CUANDO EL ODIO SE CONVIERTE EN PLACER
¿Qué tiene tu mirada que logró robarme el aliento con solo verme? Y al tenerte cerca, no dudé ni un segundo en robarte un beso… pero no cualquier beso: un beso de esos que comienzan con ternura y pasión, y que segundo a segundo van incrementando en ellos la lujuria. Van desatando poco a poco esa llama resguardada en el interior, donde la ropa empieza a pesar y a fastidiar, donde cada segundo se siente una eternidad.
Y sin dudarlo, estás arriba, sosteniendo suavemente tu mano en mi garganta, y esa sonrisa picarona empieza a salir, donde ambos sabemos en dónde va a terminar todo. Sabemos iniciar, sí, pero poco a poco todo se descontrola, y en un instante tus suspiros y gemidos empiezan a sonar; donde el incesante latir de tu corazón se hace audible; donde tu sudor empieza a recorrer cada parte de mi cuerpo; donde nuestra respiración empieza a elevarse más y más; donde sentimos que somos una sola pieza y que no queremos que acabe jamás.
Y empiezan, en esas cuatro paredes, a sonar esos gemidos y esos gritos ensordecedores que sabes perfectamente que quedarán grabados en ti para siempre. Pase lo que pase, siempre que se miren a los ojos, va a salir a deslumbrar una sonrisa que puede parecer muy ingenua o insignificante para los demás, pero que detrás de ella oculta una gran variedad de recuerdos. Los mismos que te hacen tener esos sueños húmedos, donde te haces despertar en medio de la noche y quedarte pensando: ¿cómo fue que todo empezó?, ¿en qué momento sus cuerpos se juntaron para estar en una sincronía perfecta entre cielo e infierno?
Donde esas caricias se van convirtiendo en bofetadas, esos besos van dejando marcas en todo el cuerpo… Dios, no sé si esto es el paraíso o el infierno. Solo quiero que este momento no sea efímero y que jamás acabe. Quiero que te quedes para siempre en mi piel. Aún mis poros irradian tu aroma. Cuando cierro mis ojos, aún te imagino arriba mío, esa sensación de que lo tienes todo y que no existe nada más en este mundo es indescriptible.
Cómo te transformas de un ser tan inocente y angelical en un ser posesivo y a la vez sumiso, donde la única regla es disfrutar; donde lo único que piensas es en suplicar que jamás acabe eso que está sucediendo; donde poco a poco te vas dando cuenta de que estás con la persona correcta; donde sabes que no te contienes, donde eres tú y solamente tú. Te muestras con esa sed insaciable de lujuria y placer.
¿Qué es todo esto? ¡¡¡YO NO SOY ASÍ!!!
Te odio por hacerme desearte tanto.
TE ODIO por no poder cerrar mis ojos y no pensarte.
TE ODIO por no poder controlarme cuando estás cerca.
TE ODIO porque tienes el control en mí cuando te place.
TE ODIO porque solo tú puedes poseerme y tomar completo control de mí.
TE ODIO porque solo tú eres capaz, con una mirada, de hacerme mojar.
TE ODIO por no poder mirarte como a una persona normal.
Te veo y observo a un ser que es capaz de poseerme si así lo desea.
¡Qué locura! La verdad, no sé si me estoy volviendo loco, pero no puedo verte a la cara y no imaginarte arriba mío.
TE ODIO… y siempre lo haré, porque amo cuando el odio se convierte en placer.
Lo hace todo mucho más interesante y le agrega ese toque de picante a todo lo que entre los dos sucede.
Solo quiero que, pase lo que pase, sigas haciéndome odiar esas cosas en las cuales solo tú tienes poder… porque no quiero que más nadie tenga el control en mí.
Me encanta.
ResponderBorrarrevivió el romanticismo
ResponderBorrar